27 de mayo de 2026
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La baja reposición de nutrientes empieza a sentirse en la soja y el girasol del oeste bonaerense

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Ambos cultivos comienzan a responder cada vez más a estrategias de fertilización y manejo biológico.

Los cultivos de soja y girasol, tradicionalmente considerados menos dependientes de la fertilización que los cereales, comienzan a mostrar respuestas crecientes a nutrientes como fósforo y azufre debido al deterioro de la fertilidad de los suelos agrícolas.

Así lo mostró Mirian Barraco, investigadora del INTA General Villegas, durante su presentación sobre nutrición en soja y girasol en el Simposio Regional Fertilidad 2026 realizado en Santa Rosa, La Pampa.

Barraco presentó trabajos que corresponden al noroeste y oeste bonaerense, regiones con ambientes restrictivos, de menor contenido de materia orgánica y suelos frecuentemente arenosos, donde las respuestas a fósforo, azufre y boro comenzaron a hacerse más visibles.

“Tradicionalmente son cultivos que recibieron poco aporte de fertilización porque se consideraba que se sembraban en suelos bien provistos. Pero la baja reposición de fósforo llevó a situaciones de deficiencia y ahora empiezan a mostrar respuestas interesantes”.

Aclaró que la soja y el girasol poseen características fisiológicas diferentes respecto de las gramíneas y también requerimientos nutricionales particulares, especialmente por su alta demanda de fósforo y azufre vinculada a la calidad de grano y aceite.

En soja, la especialista destacó el papel de la fijación biológica de nitrógeno, que aporta cerca de 50% de las necesidades del cultivo. Pero advirtió que problemas de acidificación y falta de calcio “se reflejan en una menor nodulación”.

En ese contexto, resaltó que la inoculación continúa siendo una de las tecnologías de mayor retorno agronómico. “Aporta entre 200 y 300 kilos y no puede ser sustituida con fertilizantes”, aseveró.

Fósforo

Barraco también alertó sobre el deterioro de los niveles de fósforo disponible en los suelos. En concreto “50% de los lotes de nuestra región deberían recibir fertilización fosfatada”, indicó. No obstante, remarcó que tanto el cultivo de soja como el girasol son cultivos sensibles a altas dosis aplicadas en la línea de siembra porque pueden desencadenar problemas de fitotoxicidad.

Por eso insistió en pensar el fósforo como una estrategia de reposición de largo plazo y no sólo como una práctica anual. “Tiene que tener un plan de reposición sostenido en el tiempo”, explicó.

Azufre

También planteó la situación del azufre, apuntando que la pérdida de materia orgánica y los años de agricultura continua están generando respuestas crecientes. “Más años de agricultura y lotes pobres en materia orgánica muestran mayor respuesta al azufre”.

En girasol, Barraco mostró respuestas importantes a fósforo, nitrógeno, azufre y boro, aunque aclaró que el manejo de N “debe ser cuidadoso: si aplico altas dosis puedo tener caída del contenido de aceite”. Por eso recomendó estrategias “moderadas” con aplicaciones en estadios V4 o V6. “El azufre le da un escalón de rendimiento”, aseguró.

Finalmente, la investigadora remarcó que las rotaciones y los cultivos de cobertura serán claves para recuperar fertilidad y sostener productividad en sistemas agrícolas cada vez más exigidos. 

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