Lo que antes era una anomalía causada por el clima, se consolidó como una realidad estructural. En el 1r cuatrimestre, el vecino superó los volúmenes argentinos.
Por primera vez en décadas, el podio del comercio global de harina de soja tiene un nuevo dueño. Según los últimos datos de exportación, Brasil despachó 7,7 millones de toneladas entre enero y abril, dejando atrás las 7,5 mill/tn de Argentina.
En el sector advirtieron que si bien la cifra parece ajustada, el dato es el síntoma de una enfermedad más profunda: mientras Argentina se estancó en sus niveles de producción y molienda desde hace una década, sus competidores directos, Brasil y Estados Unidos, han diseñado políticas de Estado para devorarse el mercado.
3 factores 3
La tracción de los Biocombustibles: Brasil no solo busca vender harina. Su estrategia se basa en el corte de biodiésel. Al incentivar el uso de combustibles verdes internamente, obligan a una molienda masiva de soja para obtener aceite. El “subproducto” de ese proceso es la harina de soja, que ahora inunda los mercados internacionales a precios competitivos.
La pérdida de clientes estratégicos: El caso de Indonesia es el más gráfico. El mayor importador mundial del producto ya empezó a mirar con mejores ojos al puerto de Santos que a las terminales del Gran Rosario. En lo que va del año, le compraron casi el doble de harina a Brasil que a nuestro país.
El techo productivo local: Mientras que en 2016 se proyectaba alcanzar las 65 millones de toneladas de soja para estas fechas, Argentina sigue orbitando las 50 millones. La falta de incentivos fiscales y el peso de las retenciones han convertido a la soja en un cultivo “estacionado”.
Desde las cámaras del sector, como Ciara-CEC, el alerta pasa por el hecho de Argentina está perdiendo su ventaja competitiva por falta de una política clara de agregado de valor.
El riesgo no es solo perder el primer puesto en un ranking; es la pérdida de influencia en la formación de precios internacionales y, sobre todo, la merma en el ingreso de los dólares para estabilizar la economía.
“No es solo que Brasil produce más; es que Argentina ha dejado de competir con las herramientas adecuadas”, señalan los analistas.
Para recuperar el terreno, el debate vuelve a la mesa: una nueva Ley de Biocombustibles, la mejora urgente de la logística en la Vía Navegable Troncal y un esquema impositivo que no asfixie la inversión en tecnología y semillas.



