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¿Se puede invertir en riego para eludir la seca?

Tres campañas agrícolas bajo los rigores de La Niña empiezan a darle sentido a un planteo de incorporar sistemas de riego. Habitualmente, es una inversión que se contempla y luego se desecha por su monto y porque la taba climática termina dándose vuelta y vuelven las lluvias.

Además, el riego para agricultura extensiva requiere saber si hay disponibilidad hídrica y, si hay agua subterránea, qué calidad tiene.

En términos generales, para abastecer de agua a una superficie de hasta 100 hectáreas hay que pensar en un desembolso que oscilaría entre U$S 200.000 y U$S 300.000.

Por supuesto, las cantidades varían en función del tipo de sistema y de los recursos necesarios para montar un dispositivo de irrigación. De todos modos, sería interesante que cada productor, en su situación, evalúe a fondo las pérdidas de una sequía severa y compare con un proyecto de riego a mediano y largo plazo.

Futuro

Las restricciones fuertes en lluvias que está padeciendo el agro argentino se enmarcan en una situación internacional que no augura tiempos fáciles. Según un Informe de la ONU, el mundo podría enfrentarse a una escasez de agua del 40 % para 2030, debido al calentamiento global y al aumento del consumo.

El mismo informe señala que unos 4.000 millones de personas ya viven con una grave escasez de agua durante, al menos, un mes al año, debido al estrés hídrico. Y es probable que el cambio climático en curso provoque variaciones en la disponibilidad estacional a lo largo del año y en diferentes lugares.

El uso global del agua se ha multiplicado por 6 en los últimos 100 años y continúa creciendo constantemente a una tasa de alrededor del 1% anual. Esa tasa se debe al crecimiento de la población y los patrones cambiantes de producción y consumo de recursos.

A nivel mundial, la sequía ya afecta a 1.500 millones de personas, y las estimaciones de la ONU predicen que para 2030, el 47 % de la población vivirá en condiciones de estrés hídrico. Para 2050, 240 millones de personas no tendrán acceso a agua potable y 1.400 millones no tendrán acceso a saneamiento básico si no cambia el escenario actual.

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