7 de abril de 2026
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Haciendo cuentas para el trigo: ¿es tan grave la suba de los fertilizantes como para achicar la siembra?

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Pánico o confianza, esa es hoy en día la cuestión para el trigo. Aunque es cierto que la urea se disparó, el precio del cereal también viene subiendo. El desafío: hacer los números «finos» para no desaprovechar otra campaña con un gran sostén hídrico.

¿Puede la suba de los costos, básicamente por los fertilizantes, cambiar la matriz de los cultivos en la Argentina?

En los últimos días leemos noticias respecto de que los productores estadounidenses sembrarán menos maíz y más soja debido a la suba de los fertilizantes nitrogenados, o que los australianos -estos en el Hemisferio Sur- también cederán área de trigo y colza a favor de la cebada por la menor necesidad de nitrógeno de este último cultivo.

Trayendo la pregunta a nuestro territorio, ¿qué conducta tendrá el productor argentino frente a la campaña de fina, que arranca en poco menos de dos meses?

HACIENDO CUENTAS PARA EL TRIGO

Contrario sensu, no soy alarmista en este punto. Empecemos por una cuenta sencilla. Convengamos que no habrá un problema de disponibilidad para la campaña de invierno y que el aumento de la urea ronda los 400 dólares por tonelada, lo que implica que para una dosis de 250 kilogramos por hectárea, el costo adicional sería de unos 100 dólares.

Contra esto, del 27 de febrero, justo antes del inicio de la guerra, al miércoles 1° de abril, el trigo diciembre subió 11 dólares, con lo cual para un rinde de 5.000 kg/ha, bastaría que el trigo nuevo se vaya a 226 dólares para salir empatados.

No parece algo irracional. Lógicamente, con menores rindes la suba debiera ser mayor, y al revés con rindes más altos.wheat field 2026 03 26 04 48 56 utc

Por lo pronto y en la incertidumbre, el productor no va a arriesgar y esperará a último momento para tomar decisiones de posicionamiento frente al insumo. Pero en este punto hay otras cuestiones de mayor peso que definirán la campaña.

EL CLIMA SOPLA A FAVOR DEL TRIGO

La primera es la condición agroclimática al momento de la siembra. Con humedad en el suelo, el productor siembra.

Pasó en la campaña pasada con el maíz y con muy buen resultado, ya que la buena acumulación de agua en el perfil a la siembra actuó de buffer para que el calor y la seca del verano no impactaran tan negativamente, incluso para poderlas surfear más que dignamente.

Inmediatamente, la segunda cuestión es la perspectiva climática para el resto de la campaña y el potencial de rinde que visualice. A mayor potencial, tanto más se mostrará favorable a capturar ese potencial vía tecnología. No se trata de un punto menor, ya que el rendimiento tiene más impacto en el margen que el precio, en condiciones promedio.

Pero esta campaña exigiría sintonía fina. Análisis de suelo, fundamental, para calcular la dosis justa. Manejo por ambientes, para maximizar el retorno de la inversión en nutrición.

Posiblemente una aplicación dividida en función de la evolución del cultivo, particularmente si el año es llovedor para evitar el lavado del nitrógeno. Si la perspectiva es prometedora, una buena dosis al macollaje y refuerzo con un foliar para no perder calidad.

Los rindes de indiferencia son altos con los números de hoy. Pero si efectivamente tanto Rusia, como los EEUU (tienen el área más chica de los últimos 100 años) y Australia reducen su producción, podemos ver potencial de suba para el trigo nuevo argentino.

Por otro lado, tengamos en cuenta que el precio de los commodities tiende a copiar a los del petróleo con algún delay, lo cual refuerza la idea de un potencial de suba si todo sigue como hasta ahora. Pero en la incertidumbre actual todo es paso a paso.

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