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AgroTecnología vs clima: la pelea que el sorgo tiene que ganar

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Desde la Chacra Experimental Passman, en el sudoeste bonaerense, evaluamos nuevos sorgos graníferos y forrajeros que muestran un salto en productividad, aun en un escenario de fuerte estrés hídrico.

Trabajo con sorgo desde hace muchos años y, campaña tras campaña, el cultivo sigue sorprendiéndonos. Hoy estamos evaluando una gran cantidad de materiales nuevos, tanto en sorgos graníferos como en doble propósito y forrajeros, con tecnologías que claramente vienen marcando un diferencial en el campo.

En lo que respecta a graníferos y doble propósito, vemos un crecimiento sostenido de los sorgos con tecnología IG, resistentes a imidazolinonas. Año a año aparecen más híbridos con esta característica, y eso habla de una adopción que no se detiene. A esto se suma otra tecnología clave: los sorgos resistentes o tolerantes a pulgón amarillo, que muestran un plus muy claro en productividad y estabilidad de rendimiento frente a los materiales susceptibles.

“La cantidad de materiales nuevos con resistencia a malezas y a pulgón amarillo muestra que el sorgo está lejos de ser un cultivo estático.”

Forrajeros con más calidad y más carne
En sorgos forrajeros, la gran evolución viene de la mano de los materiales BMR, de baja lignina. La lignina es el principal componente antinutricional del forraje y, al reducirla, mejora notablemente la digestibilidad. Hoy la mayoría de los materiales que evaluamos son BMR y eso ya marca una diferencia importante.

Pero este año encontramos algo más: una combinación muy interesante entre baja lignina y mayor contenido de azúcares en el tallo. En las primeras evaluaciones medimos hasta 7 grados Brix en el primer corte. Esto es clave desde el punto de vista nutricional.

Estamos hablando de sorgos forrajeros que rebrotan, macollan y generan nuevamente biomasa con calidad después del pastoreo. Comparados con un sorgo Sudán tradicional, la diferencia es enorme: pasamos de ganancias de peso del orden de los 350 gramos diarios a valores cercanos a los 800–850 gramos por animal.

“Hoy los sorgos forrajeros azucarados y BMR duplican la ganancia diaria de peso frente a los materiales tradicionales.”

El clima, siempre determinante
En nuestra zona, alrededor de Coronel Suárez, tuvimos una muy buena situación hídrica en octubre y noviembre, incluso con algunos lotes anegados. Eso permitió lograr muy buenas implantaciones y un arranque excelente del cultivo.

A partir de diciembre, y especialmente en enero y los primeros días de febrero, el escenario cambió drásticamente: sequía y estrés hídrico generalizado. Aun así, esa carga de agua inicial permitió que los sorgos generaran biomasa a muy buenas tasas durante diciembre, del orden de 80 kilos diarios.

El primer aprovechamiento se pudo realizar a comienzos de enero, aunque con un volumen limitado y una calidad afectada por el estrés, con hojas secas. Se lograron entre 1.500 y 1.800 kilos de materia seca por hectárea, pero de baja calidad.

Un punto importante es que en ese primer aprovechamiento no tuvimos problemas de toxicidad por ácido prúsico o cianhídrico. La recomendación fue entrar siempre con plantas de más de un metro de altura y buen volumen, lo que ayuda a atenuar el riesgo.

La alerta aparece en el segundo rebrote, con baja disponibilidad de forraje y mayor riesgo de toxicidad. En estos casos, el consejo es claro: evitar el pastoreo, esperar lluvias y recién entrar con los animales luego de una semana o diez días de recuperación de la planta.

En cuanto a sanidad, se observa algo de pulgón amarillo, sin niveles preocupantes por ahora, aunque es fundamental seguir monitoreando, especialmente en los materiales susceptibles.

Ese es el panorama actual del sorgo en nuestra región: un cultivo cada vez más tecnológico, con enorme potencial ganadero, pero siempre condicionado por el clima y el manejo.