Un informe del Inai advirtió que, en el entendimiento, Argentina se compromete a eliminar los DEX en ese plazo ¿Pero qué pasa con la soja?
El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea incluye un punto importante para la Argentina: las retenciones a las exportaciones deberán eliminarse de manera gradual en un plazo máximo de tres años, según el análisis del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales
“En particular, el acuerdo establece que, a partir del tercer año desde su entrada en vigor, la Argentina no
aplicará derechos de exportación a los productos destinados a la Unión Europea, con excepciones para
algunas cadenas —entre ellas la soja — que queda n sujetas a topes máximos decrecientes”.
En el caso del complejo sojero -resaltó el Inai- estos topes se consolidan inicialmente en 18% y se reducen de forma gradual hasta alcanzar 14% en el 10mo año”.
El documento explica que el acuerdo limita el uso de impuestos a las exportaciones, una herramienta que Argentina aplica desde hace años y que es poco habitual en el comercio mundial. El objetivo es dar mayor previsibilidad a las exportaciones y mejorar la competitividad de los productos del Mercosur en el mercado europeo.
Qué cambia para la soja
En concreto, según el Inai, las retenciones para este complejo no se eliminan, pero quedan limitadas
A diferencia de otros productos agroindustriales, la soja no queda alcanzada por la eliminación total de los derechos de exportación en tres años. Según explica el análisis del Instituto, el acuerdo Mercosur–Unión Europea establece para el complejo sojero un régimen especial, con topes máximos decrecientes a lo largo del tiempo.
En concreto, el acuerdo fija que a partir del 5to año desde su entrada en vigor, los derechos de exportación aplicables a la soja y sus derivados no podrán superar el 18% en las ventas con destino a la Unión Europea. Ese límite máximo comenzará a reducirse de manera gradual entre los años 7 y 10, hasta quedar consolidado en un tope del 14% a partir del décimo año.
El, brazo técnico en comercio internacional de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, aclaró que estos porcentajes no constituyen una alícuota obligatoria, sino un límite superior: el Estado argentino podrá aplicar tasas menores, pero no superarlas. Además, el instituto advierte que, en la práctica, no es viable aplicar derechos de exportación diferenciados según el destino, por lo que estos topes terminan influyendo sobre toda la cadena sojera y no solo sobre las exportaciones a Europa.
A modo de análisis del escenario general para la Argentina, el Inai afirmó que el tema de las retenciones ocupa un lugar central en la discusión sobre el acuerdo, ya que la eliminación de los DEX no solo afectan al sector agroindustrial sino también a las cuentas del Estado, que hoy dependen en parte de esa recaudación.
Por eso, el informe plantea que el acuerdo Mercosur–UE obliga a la Argentina a replantear su política exportadora, buscando un equilibrio entre competitividad, ingresos fiscales y reglas claras a largo plazo.



