El gobierno de Brasil aprobó este jueves la comercialización como harina del trigo transgénico HB4 resistente a sequía, que fue desarrollado en Argentina por la empresa Bioceres conjuntamente con el Conicet y la Universidad Nacional del Litoral. El proceso de aprobación demandó numerosas gestiones en Brasil, país hacia el que se destina el 45% de las exportaciones del cereal nacional.
El anuncio de la aprobación lo realizó la compañía, que aclaró que se trata de la aprobación para la venta de harina en base a trigo transgénico, pero aún no para el grano. Razón por la cual Bioceres no comenzará a comercializar de manera inmediata esta variedad.
La compañía rosarina que cotiza en la Bolsa de Nueva York buscará obtener la aprobación de otros destinos antes de liberar comercialmente el producto, y continuará produciendo semillas del grano en Argentina.
El año pasado el gobierno nacional aprobó el primer trigo transgénico del mundo: el HB4 tolerante a sequía. Se trata de un desarrollo resultado de una colaboración público-privada de más de 15 años entre la empresa y el grupo de investigación de la la investigadora santafesina Raquel Chan (Conicet-Universidad Nacional del Litoral), responsable del descubrimiento.
Las variedades de trigo HB4 son desarrolladas por Trigall Genetics, un joint-venture entre Bioceres y Florimond Desprez de Francia, una de las empresas líderes a nivel mundial en genética de trigo.
Sin embargo, el evento que logró la aprobación nacional no pudo traspasar las fronteras debido a que no había obtenido el visto bueno de la Comisión Nacional de Biotecnología de Brasil, un país que compra a la Argentina aproximadamente el 85% del trigo que consume.
El proceso desregulatorio del trigo HB4 ya fue iniciado por Bioceres en Estados Unidos, Uruguay, Paraguay y Bolivia. La compañía también se encuentra preparando presentaciones para Australia y Rusia, así como en otros países de Asia y África.
En lotes de producción y ensayos a campo llevados a cabo durante los últimos 10 años, las variedades de trigo HB4 mostraron mejoras de rendimiento en promedio del 20% en situaciones de sequía. La incidencia de este fenómeno ha aumentado su frecuencia en el contexto del cambio climático global, afectando cada vez más la estabilidad de los ecosistemas agrícolas.