Lo que antes era una pérdida para el productor ovino hoy tiene destino de exportación gracias a la demanda de los países árabes y la certificación Halal.
Históricamente, la oveja de refugo, la hembra que termina su ciclo reproductivo o no cumple con los estándares de cría, representaba un problema logístico y financiero para los productores de Entre Ríos: sin mercado interno que la consuma, estos animales solían quedar relegados en el campo.
Ahora, el reciente embarque desde el frigorífico de Gualeguay hacia el Sultanato de Omán ha dado vuelta el tablero: el descarte se ha convertido en una oportunidad de negocio genuina.
La clave de este cambio de paradigma reside en el arbitraje de mercados. Mientras que el paladar argentino prefiere el cordero liviano, la demanda de Medio Oriente —liderada por el mundo musulmán— busca volumen y proteína ovina de mayor porte, sin las restricciones de edad que impone el consumo doméstico.
Así lo ven desde el sector exportador privado, referentes técnicos del Inta y representantes del Gobierno de Entre Ríos, que enumeraron lo que implica el cambio
-Rentabilidad inesperada: los productores de Concordia y Gualeguay ahora pueden monetizar un stock que antes tenía valor nulo o muy bajo.
-Limpieza de stock: La exportación permite “limpiar” los campos de animales improductivos, dejando espacio y recursos para las majadas más jóvenes y eficientes.
-Ingreso de divisas: La comercialización internacional bajo rito Halal otorga un valor agregado que posiciona a la carne entrerriana en un segmento de precios competitivo a nivel global.
El desafío de la escala
Para que esta oportunidad no sea un evento aislado, el sector privado advierte que el desafío es la formalización. Actualmente, gran parte de la producción ovina en la provincia se mueve en la informalidad, lo que impide cumplir con las estrictas normativas del Senasa y las certificaciones internacionales necesarias para escalar el negocio.
El éxito de este envío a Omán se basó en una tríada estratégica: la prospección de mercados internacionales realizada por empresarios argentinos, la adecuación técnica del frigorífico local en Gualeguay y el respaldo sanitario oficial.
Con un stock provincial que supera las 600.000 cabezas, la consolidación de la “categoría de refugo” como producto de exportación promete cambiar la ecuación de rentabilidad de las estancias entrerrianas, convirtiendo la eficiencia en el descarte en el nuevo motor del crecimiento ovino.
La visión de los protagonistas
El empresario exportador Tomás Pirán marcó que el mercado está en el mundo musulmán. Con más de 30 años en el comercio exterior, Pirán fue quien identificó la veta comercial. Según el exportador, el mercado interno argentino es selectivo y no absorbe esta categoría, pero el escenario global es distinto: “Existe una oportunidad concreta para esta categoría que no tiene posibilidades en el mercado interno. El mundo musulmán es uno de los mayores demandantes de carne ovina a nivel global y busca este tipo de productos.”
José Mouliá, representante del Gobierno de Entre Ríos, resaltó que la gestión sin costo fiscal fue una pieza clave en la articulación para rehabilitar el frigorífico bajo normas internacionales, subrayó la eficiencia de la gestión público-privada: “Fue gestión pura. La provincia no puso un peso. El trabajo incluyó identificar plantas habilitadas, ordenar la logística y recuperar mercados que supieron ser estratégicos para Entre Ríos.”
Mariano Ferreira, del Inta Paraná, responsable del Módulo Ovino explicó por qué el refugo y el cordero pesado son el futuro: “Para exportación es necesario un peso promedio de 22 kilos por res. Se trata de una res internacional grande, apta para cortes. La exportación de ovejas de refugo permite valorizar una categoría históricamente relegada.”
Ricardo Garzia, de la Cooperativa Mansilla puso algún alerta frente al optimismo apuntando que el éxito del negocio depende de políticas de fondo: “Más del 80% de la producción ovina entrerriana se desarrolla de manera informal, lo que limita el acceso a mercados internacionales. La eliminación del fideicomiso de la Ley Ovina dejó al sector sin una política nacional activa”.



